Deber de lealtad de los administradores

El deber fiduciario de lealtad

Junto con el deber de diligencia, el otro deber fiduciario principal es el deber de lealtad. El deber de lealtad se diferencia del deber de diligencia porque pretende evitar que los administradores actúen en contra de los intereses de la empresa o que actúen de forma que obtengan un beneficio personal que no esté al alcance de otros accionistas.

Este deber exige que los directores de la empresa antepongan los intereses fiduciarios de la empresa a los suyos propios. También impone la responsabilidad de evitar posibles conflictos de intereses, impidiendo así que un director negocie por sí mismo o se aproveche de una oportunidad corporativa para su beneficio personal. Si un director de empresa viola su deber de lealtad o sus obligaciones de diligencia, puede ser condenado a pagar una indemnización y multas elevadas.

El deber de diligencia también se aplica a otras funciones dentro del sector financiero. Los contables y auditores están obligados y son responsables de los intereses de sus clientes. Los fabricantes son responsables de la seguridad de los consumidores con los productos que fabrican y comercializan.

Jurisprudencia sobre los deberes fiduciarios de los administradores

Por su parte, la Recomendación 2.1 establece que “Los miembros del Consejo deben actuar con pleno conocimiento de causa, de buena fe, con la debida diligencia y cuidado, y en el mejor interés de la sociedad y de todos los accionistas”. La Explicación reconoce que hay dos elementos clave del deber fiduciario de los miembros del Consejo: el deber de diligencia y el deber de lealtad; y que el “deber de lealtad es de importancia central en el sentido de que el miembro del Consejo debe actuar en interés de la empresa y de todos sus accionistas, y no en el de la empresa que controla el grupo o de cualquier otra parte interesada”.

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El lenguaje de la Explicación de la Recomendación 2.1 es bastante peculiar ya que al limitar la aplicación del deber de lealtad a los “accionistas” y al afirmar que los miembros del consejo deben actuar en interés de la empresa y de todos sus accionistas y no de los de “cualquier otra parte interesada”, parece concluir que no se debe ningún deber fiduciario a las partes interesadas identificadas de la empresa. El enfoque del concepto de deber de lealtad debería limitarse al hecho de que, en situaciones de conflicto de intereses, los directores o fideicomisarios deberían optar por perseguir los mejores intereses de la empresa y de las partes interesadas a las que deben cumplir con el deber fiduciario, y no sus intereses personales.

Deber de lealtad y honestidad

Los administradores están sujetos a deberes estrictos en la ley. Esto se debe a que el poder que se confiere a los directores – para controlar la gestión de una empresa – tiene el potencial de crear dos problemas. En primer lugar, los administradores pueden tener la tentación de abusar de su posición en beneficio propio. En segundo lugar, los accionistas pueden ser vulnerables, sobre todo los que son inversores pasivos y no siguen la gestión de la empresa en el día a día. La ley ha respondido a estos problemas creando los deberes de los directores.

En la equidad, la relación entre el director y la empresa es una relación fiduciaria, y se establece un alto nivel de lealtad. El estándar de lealtad se refleja en una serie de deberes positivos, así como, en algunos casos, negativos. Los deberes positivos de lealtad incluyen los deberes de actuar de buena fe y en el mejor interés de la empresa, de actuar para los fines corporativos apropiados, de considerar adecuadamente los asuntos para la toma de decisiones y de mantener la discreción sin restricciones. Estos deberes se ven reforzados por el artículo 181 de la Ley de Sociedades de 2001 (Cth). Los aspectos negativos del deber de lealtad son los que exigen que los directores eviten conflictos de intereses de diversa índole. Estos deberes se ven reforzados por los artículos 182 y 183 de la Ley de Sociedades Anónimas de 2001 (Cth).

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Casos de incumplimiento del deber de lealtad

Esta nota informativa explora los deberes de lealtad hacia una empresa que tienen los directores, socios, ciertos empleados de alto nivel y otros fiduciarios, tanto en virtud del derecho común como de la Ley de Sociedades de 2006, así como la descripción de los recursos disponibles en caso de incumplimiento y las posibles defensas que pueden estar disponibles.

Una relación fiduciaria de derecho común surge cuando se acuerda que una persona (A) actuará en nombre o en beneficio de otra (B) en circunstancias que dan lugar a una relación de confianza. Normalmente, A tendrá cierto grado de discreción o poder sobre los intereses de B y, a su vez, B confía en que A actúe en beneficio de B. Se espera que un fiduciario actúe en interés del otro, que actúe desinteresadamente y con una lealtad indivisa[1]. Esta obligación de actuar desinteresadamente es lo que distingue a un fiduciario de una persona que sólo tiene obligaciones contractuales, es decir, la diferencia entre un director de empresa y un simple empleado.

Hay varios tipos de directores de empresa. Un director ejecutivo suele ser un empleado de la empresa y participa en la gestión diaria de la misma, mientras que un director no ejecutivo suele conservar cierto grado de independencia y participar en los asuntos de la empresa de forma limitada, a menudo limitándose a asistir y preparar las reuniones del Consejo. Sin embargo, no existe una distinción de principio entre los deberes de los directores ejecutivos y los no ejecutivos[2].